Los tigres o las sombras
Como alma que lleva el diablo.

66.

[...]

Porque he aquí ha pasado el invierno,
Se ha mudado, la lluvia se fue;
Se han mostrado las flores en la tierra,
El tiempo de la canción ha venido,
Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola.
La higuera ha echado sus higos,
Y las vides en cierne dieron olor;
Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.
Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes,
Muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz;
Porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.

[...]

Anónimo

65.

As illas agachan o vento,
non interpretan o rumor
e o desacougo
dos barcos ao atardecer.
Seu navegar está ancorado
na realidade das rochas,
que ven fuxir
a linguaxe do ceo,
cando desperta a lúa.

Mª do Carme Kruckenberg

64.

He buscado en tu cuerpo la canción.
Alguien lleva un tesoro entre las manos.

Vicente Huidobro

63.

Porque era el último amor. ¿No lo sabes?
Era el último. Duérmete. Calla.
Era el último amor...
Y es de noche.

Vicente Aleixandre

62.

¿Cómo he de sujetar mi alma para
que no roce la tuya? ¿Cómo alzarla
por encima de ti, hacia otras cosas?
Ay, quisiera esconderla
junto a algo perdido entre lo oscuro,
en un lugar callado y ajeno que
no vibre cuando vibren tus honduras.
Pero cuanto nos roza, a ti y a mi,
nos une como un arco de violín,
que saca de dos cuerdas una nota.
¿En qué instrumento estamos extendidos?
¿Y qué músico nos tiene en la mano?
Oh dulce canción.

Rainer María Rilke

61.

Todo lo niega la tierra,
pero todo se me da
en el agua, por el agua.

Pedro Salinas

60.

Me prometo a diario descuidarte
pues me corre el pesar por cuenta ajena
tan extensa trinchera abrió esta pena
que muero porque vivo para amarte.
Tu piel es la membrana de una estrella
no te logro alcanzar por más que intento
se multiplica el ansia del momento
y malvendo mi ardor en la querella.
Tan caras tus caricias por goteo
agridulce suplicio de mi antojo
tan lejano tu puerto a mi deseo
tan vuelva usted mañana, trampantojo.
Alíviame esta cruz, mi cirineo
o firma del afán mi desalojo.

Raquel Lanseros

59.

[...]

La muchacha conoce los secretos de la lucha oriental. Jamás ha sido herida. Cree en los misterios del amor. Jamás los profanó.

[...]

Luis Alberto de Cuenca

58.

Navego contracorriente.
Voy cuando los demás vuelven.

Antes de Pensar repienso.
Lloro y sonrío en silencio
y en soledad.

Busco el anillo que perdí
donde hay luz y bonanza.

[...]

Pere Quart

57.

Mientras ella reía, me di cuenta de que me iba enredando en su risa y haciéndome parte de ella, hasta que sus dientes fueron sólo estrellas casuales con talento para la instrucción por pelotones.

[...]

T. S. Eliot

56.

[...]

Pero mientras no ocurra tal encuentro
es un búho que mira desde dentro
de un búho que está dentro de otro búho.

José Hierro

55.

¿Acaso tú elegiste
esta inmundicia como habitación
estable? ¿Vivías aquí
con anterioridad
al hosco, al sanguinario asedio
de la tribu?

_________Una grieta
voraz, un virulento edicto
en las paredes, una última
sombra beligerante, anuncian
ya para siempre
la sedentaria estirpe del apátrida.

José Manuel Caballero Bonald

54.

No sé dónde estás tú, dónde estoy yo.
Las mismas canciones, las mismas labores.
Tan amigas, tú y yo.
Tan huérfanas, tú y yo.

Estamos tan bien juntas,
sin hogar, sin reposo, sin nadie...
Dos pajarillas: al despertar, cantamos,
dos peregrinas: nos alimentamos del mundo.

Marina Tsvetáieva

53.

[...]

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

[...]

Gabriel Celaya

52.

[...]

Los maestros enseñan a los niños
una luz maravillosa que viene del monte;
pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor bajo los ojos del cristal definitivo.
El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la inundación.
El amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas
y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas.
Pero el viejo de las manos traslúcidas
dirá: Amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos.
Dirá: amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de la ternura,
dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita.
Dirá: amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.

Mientras tanto, mientras tanto ¡ay! mientras tanto,
los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música.
Porque el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.

Federico García Lorca

51.

Un día nos veremos
al otro lado de la sombra del sueño.
Vendrán a ti mis ojos y mis manos
y estarás y estaremos
como si siempre hubiéramos estado
al otro lado de la sombra del sueño.

José Ángel Valente

50.

Teño algo importante que dicir
agora que vimos de despedirnos
para sempre.
Quérote.
Crávame as unllas
pero has de saber que tamén fun sinceiro
as outras mil veces.

Ela acúsame de non ter sentimentos
porque falo e falo
ou non falo.
Pois vaise comer todas as unllas,
as súas altivas unllas escarlata.
Pero ireime.
Díxenllo e riuse indiferente,
pero ireime
ou non me irei.

[...]

Él era forte e feble
como un marine ianqui.
Ela, fráxil e invencible,
como unha guerrilleira do Vietcong.

Manuel Rivas

49.

[...]

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en tí como ahora pienso.

[...]

José Agustín Goytisolo

48.

[...]

(Escucho tu silencio.
______________Oigo
constelaciones: existes.
________________ Creo en ti.
_______________________Eres.
__________________________Me basta.)

Ángel González

47.

Sin ti
el sol cae como un muerto abandonado

Sin ti
me tomo en mis brazos
y me llevo a la vida
a mendigar fervor.

Alejandra Pizarnik